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martes, 20 de mayo de 2008

En el principio era el silencio

"En el principio era el silencio", comienza el Popol Vuh, principal documento divulgado de la mitología y filosofía maya. Otro pensamiento... Nada que ver con el “occidental”: En el principio era el Kaos”, de la mitología griega; y. raíz cosmogónica de la tramposa antinomia el orden o el desorden. Que se lee, en nuestro contexto histórico como“civilización o (vs.) barbarie”; control contra el descontrol; el equilibrio de la razón contra la inestabilidad de las ganas; la objetividad de la reflexión contra la fuerza del impulso; unitarios vs. federales; capital vs. interior; libro vs. alpargatas…

No es casual que la primera de la serie de acciones que culminaron con la huida a Miami del genocida nicaragüense Anastasio Somoza Debayle, exitoso Herodes tropical de los 70’ (“Es un hijo de…, pero es nuestro” _Decía el Imperio sobre él), fue llamada por sus actores populares: “Y se rompió el silencio”.

El pensamiento maya es más dialéctico y ecológico que el cultivado en nuestras instituciones, y plantea en la base fundamentos más antagónicos: NO acción (silencio) vs. Acción. Lo determinante es la acción (La muerte es vida mientras es acción; y la vida puede ser muerte, sin acción. El desorden puede ser orden si hay acción. La “barbarie” puede ser “civilización” por su movimiento. Estar lejos, en la acción, puede ser cercanía; y estar cerca sin acción, es alejarse. Estar solo, en acción, es acompañarse; y estar acompañado sin acción es estar solo). Una vez iniciada la acción todo se vuelve parte de una misma dialéctica (vida, muerte, vida; liberación, explotación, liberación). Es un pensamiento que señala como fundacional la antinomia, entre la violencia del NO cambio (el silencio) vs. la violencia por el cambio, más allá de las posibles polarizaciones propias del contexto social.

Decir “otro pensamiento”, es como decir “otra realidad”. Las realidades humanas. Las realidades en construcción permanente por cada ser humano.

La hermana trajo a Juan para que lo curaran de un desorden “preocupante” de conducta. Cuando veía venir una persona por la vereda, Juan trataba de esconderse, o se bajaba a la calle. Cuántos fantasmas estaría proyectando Juan en cada una de esas personas que le llegaban de frente. Y, fantasmas que existen, que son reales, mientras haya quien los viva. Estaban en las miradas suspicaces de Juan, en su disimulo por sustraer el cuerpo, en sus soliloquios, en sus continuas “salvadas”. Ese era el pensamiento de Juan. Esa era su realidad. Realidad relativa, realidad dialéctica, llena de fantasmas, y con su Bestiario a cuestas. Una realidad propia; como la de todos, con la única diferencia de no poder regresar “al patio de los espejos” de las realidades transaccionables de los demás, al incesante tiangue o mercado de realidades producidas por cada humano como tal. Realidad sin mercado, la de Juan. Otra forma de lucha, absolutizada, la de Juan, contra los fantasmas de la realidad humana.

Acaso es posible crear obras como El Grito, de Munch, o pintar el Cronos devorador filicida, de Goya, sin viajar a esa realidad oculta. Además del talento, o mejor, como parte de su talento, los artistas realizan continuos viajes, pero de ida y vuelta. Imitando monotemáticamente a tantos shamanes; cuando en un principio eran la misma cosa. Las primeras obras artísticas fueron traídas de esos mundos sin lógica, mundos de la locura, a las paredes de las cavernas más sagradas con la finalidad de influir sobre el mundo comunicable, transaccional. Fueron arte a partir del momento en que la gente vió en ellas, por primera vez con sus ojos, fantasmas que antes vivía desde su intuición.

En múltiples lugares de la geografía maya – nahuatl aflora el mito del no retorno. Hechos antropológicos del ancestral saber popular, que podemos considerar como un reconocimiento elocuente, muchas veces poético, de esos otros mundos habitados por mentes humanas.

_”Si te metés al Cosigüina (cráter con vegetación, en la península homónima, de Nicaragua), dicen que hay unas manzanas cholas, pero con que te comás una, ya no podés volver”.

_”Si te juega la Cigüanaba (mujer que aparece de noche en los riachos de montaña), quedás perdido”.

También en los mitos “universales”, como la huida de la morada del ogro después de rescatar algo o alguien entrañable, mucho más dramática, conmocionante y azarosa que el arribo, hay un inmensa representación, psicoelaboradora, de la angustia por el posible No retorno.

Un pensamiento más afín a la idea del movimiento de las identidades, que a la de los estados y verdades absolutas, es lo que nos ofrece y, al mismo tiempo, nos reclama el trabajo de atención a las personas con trastornos psíquicos. Nos estimula a revolucionar nuestro pensamiento fecundándolo con los aportes de formas de estar en el mundo diferentes a la nuestra, y constructoras de sus saberes.

Otro pensamiento… el cual no encuentra sus fuentes en los escritorios de “iluminados”, sino en la lucha de los pueblos por ser felices cada día. La atención de salud mental además de medicinas costosas, técnicas psicoterapéuticas múltiples, prácticas de enriquecimiento relacional, y trabajar con la propia cultura e identidad, demanda de otro pensamiento. Necesitamos “romper el silencio” con otro pensamiento, suficientemente “loco” como para hacernos atender y también vivir la salud mental desde la psicodiversidad. Y nos lleve a entenderla por momentos siendo buenos shamanes.

Enero, 2005

Cuando las personas se juntan… (Haciendo Salud Mental)

¿Cuántas veces las instituciones se arrogan y mistifican sobre un poder curativo, que en realidad no les es propio, ni les pertenece? Esta es una de las peores formas de alienación. De quitar consciencia. De quitar el carácter de sujeto terapéutico a la gente. De desposeerla en un sentido esencial.

Que las medicinas son útiles, y valiosísimas en muchos casos, está fuera de discusión. Y que muchas veces posibilitan ese pequeño movimiento que da margen a reiniciar el ejercicio de poder socio relacional, haciendo circular la afectividad entre seres humanos próximos, y asumiendo identidades siempre nuevas. Pero, precisamente funcionando como pequeños puntos de apoyo para esa acción terapéutica fundamental, puesta por la gente cuando se junta en una relación horizontal.

Pero lo que ve el “paciente”, lo que ven las familias y la gente, es que una institución lo está “curando”. En realidad, las instituciones usan, con mayor o menor capacidad ese poder de la gente cuando se junta. No se ve lo esencial, que es esa relación horizontal de integración, no el orden y limpieza en el edificio del Instituto tal, ni la sabiduría del Dr. Fulano, ni tampoco las agudezas de la Lic. Mengana.

La relación horizontal de las personas que se juntan va mucho más allá que la idea tecnogénica de armar “corralitos” de enfermos M, grupos de enfermos N, talleres para enfermos J. Separación uniformante y estereotipante que termina siendo una forma de No-inclusión, aunque sea hacia “arriba”.

En cambio, en esa potenciación de ejercicio de poder socio relacional, la psicodiversidad (no reunir uniformidades, sino juntar creativamente diversidades personales, independientemente de lo adaptativas al sistema socioeconómico que sean) enriquece y estimula la construcción de identidades.

En el fondo, el estado debería pagar, además de a los trabajadores de la salud mental, a la gente que participa en los dispositivos institucionales como recurso terapéutico fundamental e insustituible. ¿De qué valen 100 psicólogos y psiquiatras sin personas relacionándose entre sí?

A muchas personas les sirve asignar esa potencialidad terapéutica a la institución correspondiente, para así evitar cambiar. “Me someto a la institución (para que esté en orden la casa donde vivo)”. “Santa Institución, cúrenme (no quiero enfrentar a mi pareja)”. “Santa Institución, curen a mi hija (no quiero cambiar los mandatos familiares)”. “Santa Institución, cúrennos (no quiero enfrentarme a mí mismo)”. “Santa Institución trátenlos superespecializadamente (no toquemos sus relaciones)”.

Propongo integrar sistemáticamente los esfuerzos para luchar contra la alienación institucional de ese poder terapéutico del que son sujeto las personas. Para que las instituciones de salud mental realmente estén al servicio de la gente, primero deberían reconocer ese usufructo explícitamente, y definir su dependencia orgánica de ese poder y potencialidad, que, en realidad, es lo que le da más sentido humano y creatividad a su trabajo.

Julio, 2006

¿El desequilibrio emocional desde la psicodiversidad, como resorte de la creación artística?

El 2007 ha sido pródigo en resonancias sobre el beneficio, para la salud mental, de las actividades artísticas. Desde el Ministro de Salud de la Nación, pasando por figuras internacionales presentes en el país, la Organización Panamericana de la Salud, la Organización Mundial de la Salud, hasta las autoridades correspondientes de Salud y de Cultura de la Provincia de Buenos Aires. Todos han señalado con mucha propiedad el aporte de las actividades culturales y artísticas en la evolución de los procesos psicoterapéuticos.

Por fin, la inclusión de actividades artísticas transectorialmente concebidas, como parte de las acciones terapéuticas, monopolizadas hasta ahora por el sector salud, dejó de ser una “locurita” de algunos entusiastas. Se ha perfilado un horizonte de valores donde hablar de montar programas para la participación de personas con sufrimiento psíquico en talleres de teatro, música, artes plásticas, literatura, comunicación social, etc., es “políticamente correcto”.

En ese sentido queda abierto el desafío para hacerlo sistemáticamente. Organizar y desarrollar talleres para la integración de la producción cultural con los procesos de fortalecimiento emocional. Para lo cual conceptualmente se debe tomar en cuenta que:
  • La salud mental se afecta y se desarrolla en la matriz del relacionamiento cultural entre las personas.
  • No puede separarse el trabajo de salud mental con las prácticas vinculadas con el desarrollo de la identidad y de las relaciones sociales.
  • El trabajo de salud mental necesita permanentemente incluirse en el contexto cultural.
  • El confinamiento de la atención de salud mental al ámbito del sector salud predispone a la exclusión, estigmatización, a la generalización de medidas represivas, y a su naturalización posterior.
  • El consumismo y el individualismo a ultranza dejan progresivamente desprovistas a las personas de recursos para proteger y desarrollar su salud mental.
  • El sufrimiento psíquico, siendo factor de la producción de enfermedad, puede dinamizarse mediante los estímulos de prácticas culturales a una dialéctica de la creación cultural y artística que configure un amplio espectro de fenómenos terapéuticos.
  • El talento artístico permite en forma inmediata esta transformación o metamorfosis del sufrimiento psíquico, o de diversas crisis o conflictos emocionales, en obras originales de genuinos valores artísticos, y por ende de movilización emocional hacia una ecología de la empoderización.
  • Pero, sin depender necesariamente del talento artístico en cada persona, determinadas orgánicas, dinamismos y procesos de estimulación grupal sostenida posibilitan la producción cultural y artística, a la vez que impulsan el desarrollo de elementos centrales de la salud mental, como la identidad, el ejercicio de poder socio-relacional y el mejoramiento de la calidad de las relaciones sociales.
Sin embargo, no demos la espalda al verdadero desafío, que es convertir el desequilibrio emocional, y el sufrimiento y la diversidad psíquicos, en alas para el vuelo de la creación artística. Resulta obvia la referencia al desequilibrio emocional de Vincent Van Gogh; y la reflexión sobre qué habría producido pictóricamente, si hubiera recibido psicofármacos desde su adolescencia.

Si se contribuye a desarrollar talento en las personas emocionalmente vulnerables y con psicodiversidad, la nueva aptitud para comunicar, a través del arte, con notable efecto terapéutico ¿no posibilitaría además la creación de auténticas obras de arte con un valor propio?

El Che dijo en una oportunidad: “Si el socialismo es una mejor forma de repartir bienes, ya no me interesa el socialismo”. Si la relación entre las actividades artístico culturales y la salud mental se limita a utilizarlas como cualquier otro recurso terapéutico, eso será sumamente valioso para la atención de la salud mental, como pudiera serlo la risperidona o el litio, pero no poseerán la proyección de potencialidades creativas y por el cambio que tendrían integrándolas en un contexto de psicodiversidad y participación comunitaria.

Siendo consecuentes con una ideología que identifique el sentido del esfuerzo cotidiano, en la transformación del ser humano, y en el desarrollo de la sociedad en su conjunto, deberíamos comprometernos con una práctica que nos lleve, más allá de apoyar al desvalido, a convertir este tejido de la psicodiversidad en una auténtica riqueza desnormatizadora de la cultura de la comunidad.

OBJETIVO: Promover la organización y desarrollo de talleres, en diversas áreas de la producción cultural, incluyendo en ellos personas con distinto tipo de vulnerabilidad psíquica, para que dicha condición se estimule dialécticamente con la empoderización del mensaje artístico, transformándose a lo largo de los procesos grupales comunitarios, en dinámicas que, más allá de su valor terapéutico, signifiquen un nuevo escenario para la creatividad artística, la ecología del poder en la sociedad, y el desarrollo humano.

Noviembre, 2007