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lunes, 11 de abril de 2011

Silencio

“Porque crecimos a golpes,
porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos…”

Gabriel Celaya

El silencio se comió a los compañeros…
no fue sólo el mar y la picana,
no fueron sólo los dientes afilados de la noche,
ni las botas pisando el canto de los grillos,
fue el silencio asesino,
el silencio que enterró en pozos sin tumba
la brasa mineral de todo el fuego
que hizo arder el árbol de la vida,
el silencio que se esconde en las usinas,
en las cárceles,
en las escuelas y los hospitales,
el silencio inmaterial que nos asfixia,
que nos mutila las entrañas,
que nos machaca las neuronas,
el silencio con café de la academia,
el silencio rutilante de la tanda comercial,
el silencio que dio a luz tantos silencios,
el que calla a bastonazos en el cráneo,
el silencio que nos convierte en asesinos
cuando sangra la vida y nos callamos.

martes, 22 de marzo de 2011

La huella del otoño

Pasó una noche enceguecida como un rayo
y cada muerte le sumaba su silencio;
y pasó,
pasó de largo,
por las negras avenidas y las persianas bajas de los almacenes,
por el miedo a preguntar y el qué sé yo,
por la plaza desolada y taciturna,
por las encadenadas puertas de las casas,
por el hambre que se calla a sus espaldas,
pasó de largo la noche,
atravesó los muros de los edificios y los hospitales,
regó de miedo el corazón de la miseria,
le quitó la vida al que la amó,
y le quitó el pan al que el pan nos amenazaba,
y pasó, pasó de largo,
pasó de largo y se fue,
y, al irse,
dejó en la tierra
su sin sentido,
su voz terrible,
el silencio sepulcral de la poesía.

* * *

A la sombra primera del otoño
sangró Latinoamérica estreñida
por el paso sigiloso del ejército.
Las bocas que gritaban se apagaron,
humedecidos los ojos por la furia
y el paso redoblado del terror.
Los diarios clandestinos,
un fuego que se apaga,
los besos ya secados para siempre,
la patria reducida a mil escombros,
el silencio de la plaza despoblada,
las islas apagadas en el mar.
Un pueblo se olvidó que se moría
y el viento hizo volar
por última vez en su destino
las hojas del otoño.
Y los muertos aún están gritando
desde las inéditas tumbas en que yacen
mientras pasa alegre
ante sus dolientes ojos
la consigna de sus asesinos,
el objeto de la muerte
de todos esos hombres y mujeres.
Está cruzando allí, por la vereda,
comprando caramelos en los kioskos
saludando a una vecina, a un vigilante,
gritando “¡Ya pasó!”, “¡Qué tanto escándalo!”,
“¡Pero, hijo, una guerra es una guerra!”
y “¡No hay por qué llorar!”.
Le sonríe una dama y guiña un ojo,
hoy parece que el mundo le sonríe
y al llegar a su trabajo
en The Argentine Company le dicen:
“Dear friend, we hope that you feel like in home”.
y nuestro hombre contesta: “Thank you, thank you”
las únicas palabras que conoce
de esa lengua en que sus dioses le hablan.
Luego se detiene y lee:
“A la sombra primera del otoño
sangró Latinoamérica estreñida
por el paso sigiloso del ejército”,
y dice ofuscado: “¡Esto no es poesía!”
y quizás tiene razón.
Los muertos, entre tanto,
sienten otra vez, los puñales helados del olvido.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

20 de Diciembre

A Néstor Carlos Kirchner

por romper el manto de tinieblas del imperio

y habernos mostrado

el inmenso y hondo sentido de la Patria


Este fue el día que los argentinos bajamos de toscazo al imperio del dolar y del "algo habrán hecho".

Desde el oscuro vientre de la Patria

una lanza salió como un relámpago,

era el Pueblo, la tierra misma en llamas,

eran los dedos en ve y el puño en alto;


era el ama de casa hecha machete,

era el pan que no comió el desocupado,

el alma mineral de los sin tierra,

las golondrinas del pañuelo blanco;


era un grito trepando hasta la aurora,

una ráfaga ardiente de verano,

nuestra sangre corriendo por la plaza,

resistiendo con piedras y con palos.


El veinte de diciembre en las pupilas

brillaron treinta mil soles en alto,

demoliendo los muros de la historia

e inventando el futuro a cada paso.


Mar del Plata, 1 de diciembre de 2010, año del Bicentenario.

domingo, 17 de mayo de 2009

Capitalismo y barbarie (reflexiones sobre Roberto Arlt)


Cuando Sarmiento propuso, en el Facundo, su dicotomía “civilización o barbarie” construyó los dos paradigmas entre los que se constituirá el devenir latinoamericano. Por un lado, Europa, el liberalismo capitalista, la modernidad, la palabra escrita, la ciencia y la razón; por el otro, América, el trueque, la naturaleza, la oralidad, la pasión y la confianza.

Sarmiento triunfa en la barbarie. Escribe como un bárbaro americano y escribir es lo que mejor le sale. Sarmiento domina la pasión que nos despierta, nos convence, nos desgarra, nos indigna contra Rosas. Sin embargo, muy otro es el sentimiento que nos inspira su proyecto civilizador de la libre navegación de los ríos y de las pampas libres de bestias. Resulta extraño entender el concepto de Sarmiento para el cual nuestra nación sólo será libre si acepta ser colonia anglo-fracesa. Para Sarmiento el orden natural de América es la barbarie y el exterminio de indígenas y de gauchos al menor precio posible es la civilización, y el modo más barato era, para Sarmiento, enviar a los gauchos a la leva, para que se maten entre ellos y con los indios. Tras la lentitud de este proyecto los otros unitarios, siempre preocupados porque el tesoro nacional quede bajo la falda de Francia o Inglaterra y no a las manos de los bárbaros de América, pensó en traer a Rauch y su ejército prusiano. El nuevo plan de exterminio hubiese conmovido al mismo Hitler. Era sencillo y eficaz. A los soldados se les pagaba por cada par de testículos que traían.

Primero se les disparaba a los indios y cuando caían, ensangrentados y dolientes, les cortaban los testículos. De este modo los que no morían desangrados, al menos no podrían reproducirse. Todo, por supuesto, en nombre del progreso. El objetivo era claro, exterminar lo que de americana le quedaba a la Argentina para hacerla a imagen y semejanza de Europa. Para concretar este proyecto sólo les faltaba una cosa: europeos. Aquí comienzan la campañas propagandísticas de inmigración donde se le ofrecían trabajos rurales a los europeos que quisiesen venir a hacer la América en la Argentina. La inconmensurable genialidad de los unitarios no pudo, sin embargo prever, que los trabajos que les ofrecían a los europeos no existían aun y no existirían nunca. La consecuencia de esta pequeña imprevisión fue la creación de un gigantesco anillo de pobreza formado por millones de inmigrantes y gauchos al rededor de ciudad de Buenos Aires. Este es el contexto en el que surge, en los años '20, la figura de Roberto Arlt, el primer escritor capitalista que tuvo la Argentina.

Arlt no tenía institutrices inglesas, ni francesas, ni salteñas, ni nada. Apenas si sabía escribir y escribía mal. Artl escribía mal, porque no sabía y no quería escribir bien. Escribir bien era no escribir, no entender, no sentir, no vivir. Escribir bien era no ver la realidad de su época, era sepultarla bajo antiguas leyendas de olvidados cuchilleros e imposibles letrados. Escribir mal era burlar lo bueno, y lo bueno el progreso, el establishment, el lujo de las plutarquías ombliguistas era el silencio de los trabajadores fusilados en la Patagonia y en la Semana Trágica.

“Si hay extranjeros que abusando de la condescendencia social ultrajan el hogar de la patria, hay caballeros patriotas capaces de presentar su vida en holocausto contra la barbarie para salvar la civilización” decía Manuel Carlés, presidente vitalicio de la Liga Patriótica Argentina, en 1910 refiriéndose a los trabajadores inmigrantes que, según Sarmiento, iban a ser los forjadores de la civilización argentina. Si algo quedaba claro en las primeras décadas del S. XX era que todos hablaban de civilización y progreso, pero que nadie sabía bien qué cosa significaban estas palabras, excepto -quizás- Roberto Arlt.

Arlt nos invita a contemplar el confort y la cultura, el dinero y la seguridad, y nos lo muestra tal cual era para la gran mayoría de la población argentina, el sueño imposible y siempre al alcance de la mano de 'ser' alguien, de no ser un número, un cliente, un empleado, un inventor fracasado. La fortuna estaba a la vista de todos, pero detrás de una vidriera que sólo algunos podían atravesar.

Erdosain se imagina enamorando de una doncella que “será millonaria, pero yo diré Y todo es inútil, ¿sabe?, es inútil, porque estoy casado. Pero ella le ofrecerá una fortuna a Elsa para que se divorcie de mí, y luego nos casaremos, y en su yate nos iremos a Brasil”. El capitalismo como tierra de la fantasía, el lugar donde uno tiene todas las libertades salvo la de ejercer dichas libertades, el mundo que nos prometa que no hay cerradura que el dinero no pueda abrir. Pero para un trabajador cuyo mañana es la continuación del hoy y el hoy es la continuidad de una pobreza que nació con él, sólo se puede alcanzar el tótem sagrado del capitalismo mediante el crimen.

El dinero, el que desmasifica al hombre y lo convierte en sujeto, el escape de la clase proletaria, el ingreso al reino de la burguesía, condición sine qua non para poder 'ser'. Este tótem que pone al pobre contra el pobre, al oprimido contra sus semejantes, es el arma más eficiente del capitalismo, de la civilizada barbarie.

A Roberto Arlt no le interesó nunca explicar este mecanismo, porque eso hubiese sido caer en en un realismo socialista, como el de sus hermanos de Boedo. Su narrativa es mucho más efectiva y descarnada. Roberto Arlt no analiza ni explica qué cosa es el capitalismo, sino que pone sobre la mesa, como un cross a la mandíbula, su verdadera esencia y sus cruentas consecuencias sociales: la marginación, la alienación, la competencia, la explotación, la violencia, el individualismo, la plutarquía.

Mientras exista el capitalismo, la literatura desgarrada de Roberto Arlt será el único realismo realismo posible o, al menos, el único realismo honesto. Quién pretenda ser realista sin comprender cabalmente la sociedad en la que vive, será un escritor de fantasías, una espada decorosa sin mango ni filo. Mientras exista el capitalismo, Roberto Arlt seguirá siendo verdadero y actual, porque la miseria seguirá siendo la verdad y seguirá corriendo el tiempo hacia ningún lado.

jueves, 19 de febrero de 2009

Operación masacre: Rodolfo Walsh, entre Daniel Hernández y el Profesor Neurus



Escribí este libro para que fuese publicado, para que actuara, no para que se incorporase al vasto número de ensoñaciones de ideólogos. Investigué y relaté estos hechos tremendos para darlos a conocer en forma más amplia, para que inspiren espanto, para que no puedan jamás volver a repetirse.

Rodolfo Walsh


Más allá del enfoque teórico que prefiramos hacer de Operación masacre, debemos anteponer, por respeto al autor y hasta por ética, las funciones concretas con que Walsh fue presentado este informe negro a lo largo de los años: la acción. Desde esta perspectiva (que se puede sostener desde el epígrafe en donde el que el verbo ‘actuara’ fue destacado en su versión original) parece pertinente recurrir a la Teoría de los Actos de Habla de Austin, más tarde reformulada por Serle.

Entonces, ¿qué es realizar un acto de habla? Modificar las ideas y, en consecuencia, la conducta de un otro mediante la emisión de sonidos que refieran a cosas y que prediquen acciones de ellas con una intención particular. ¿Dónde está el acto de emisión? En la publicación del texto. ¿A qué se refiere y qué predica? Los fusilamientos clandestinos en el basural de José León Suarez ¿Cuál es la intensión? Inspirar espanto y así evitar que estos hechos se repitan. Pero a esto volveremos más tarde.

Revisemos los años anteriores a la investigación que tendrá como resultado Operación Masacre. Rodolfo Walsh, hijo de irlandeses, cultivado en la lectura por su madre y luego traductor del inglés al castellano, trabajó como lavacopas, limpiavidrios y comerciante de antigüedades. Rodolfo era, por entonces, periodista, escritor de literatura policial y ajedrecista aficionado:

Su primer producción literaria se plasma en un volumen de relatos policiales, que obtiene el Premio Municipal de Literatura: Variaciones en Rojo; un homenaje al detective Holmes, su creador Doyle y la primera novela de éste: Estudio en escarlata. Se trata de tres nouvelles donde el protagonista, Daniel Hernández, es un detective aficionado, suerte de alter ego de Walsh con quien comparten el oficio de corrector de pruebas. Hernández es amigo del comisario Jiménez, a quien acompaña en los casos que se le plantea, resolviendo con ingenio los enigmas de cada uno de los crímenes. Esta pasión de Walsh por armar historias como si fueran partidas de ajedrez la abandonará cuando compruebe que la realidad misma es un juego mucho más amplio, complejo y peligroso, y se transforme él mismo en el investigador que debe develar misterios de odios, rencores y muertes. (Domínguez, I).

Por cierto, era apolítico, aunque pro-golpista y aniti-peronista, por lo menos, en el momento previo a Operación Masacre. Walsh dice en la “Introducción” de la primera edición (marzo de 1957):

Como periodista, no me interesa demasiado la política. Para mí fue una elección forzosa, aunque no me arrepiento de ella. (p. 148-149).

Recordemos que al momento de las investigaciones del ‘caso Livraga’ Walsh era un liberal que apoyaba a la derecha:

Al finalizar su adolescencia había tenido cierta simpatía con el peronismo, a través de la Alianza Libertadora Nacionalista, de donde le venía su amistad con el cura Castellani. Pero, como muchos pensadores de su tiempo, se transformó en un intelectual antiperonista, sin por ello enfrentar abiertamente el régimen, manteniendo su tendencia por el nacionalismo. (Domínguez, I).

Al comenzar el “Prólogo” de Operación masacre Walsh parece un personaje salido de un policial de enigma: un hombre que gusta del ajedrez y del arte, y que se distingue por su pura racionalidad. Y fue justamente así que mientras jugaba al ajedrez en un café de La Plata sucedió un hecho que le cambiaría la vida: alguien le habló de ‘un fusilado que vive’. Allí encontró la gran ocasión de convertirse en Daniel Hernández, el Sherlock Holmes que su pluma supo dibujar en sus primeros cuentos. Esa era, como decíamos, la gran ocasión de ser un detective de enigma capaz esclarecer racionalmente un misterioso caso y de narrarlo en una especie de ‘novela por entregas’, tal como un oficial de las fuerzas armadas clasificó el relato que Walsh le hizo más tarde de los hechos que Operación masacre narrará. Con ese fin comenzó una investigación periodística obsesiva, buscó testimonios, ubicó al ‘fusilado vivo’ y, luego, al resto de los sobrevivientes de los que él llamaría la ‘Operación masacre’.

Si bien Walsh en el comienzo se presenta como un detective de enigma, cuando entrevista a Livraga se produce en su interior una suerte de transformación extraña que lo hace devenir en un investigador de policial negro que comienza a imbuirse en las relaciones sociales, en el peligro, sirviéndose de su experiencia como su única guía. Así pasa del pulcro terreno de la lógica a la oscura realidad social que vivía en ese entonces el pueblo argentino. Según Viñas, Walsh va del ajedrez a la guerra, y en ese trayecto, el policial inglés se transforma en un híbrido policial negro que se escapa de sus propias páginas.

Las sucesivas investigaciones le fueron revelaron que no hubo en realidad fusilamientos en el basural de José León Suarez, sino el asesinato gratuito de cinco personas, un verdadero crimen de Estado. Y es esto lo que determina su apertura definitiva de la Revolución Libertadora. Dice en 1957:

Suspicacias que preveo me obligan a aclarar que no soy peronista, no lo he sido ni tengo la intención de serlo (…). Tampoco soy ya partidario de la revolución que –como tantos– creí libertadora. (p. 149).

Vemos aquí un primer cambio: el anti-peronismo se convirtió en no-peronismo y el pro-golpista se convirtió en no-pro-golpista.

A Rodolfo Walsh le había complacido que en el ’55 haya triunfado el golpe de Estado contra el presidente constitucional Juan Domingo Perón liderado por Lonardi y Rojas, ya que esto suponía que la autodenominada Revolución Libertadora dejaría lo bueno que hizo Perón y pondría fin a lo malo. Sin embargo, la blanda postura de Lonardi contra el peronismo llevó a que la oligarquía y otros sectores reaccionarios lo forzara a renunciar el año mismo del golpe militar. Fue entonces que Aramburu asumió el poder de facto. Con él la situación social sufrió un terrible retroceso, los representantes gremiales fueron encarcelados, asesinados o tuvieron que exiliarse, los sindicatos estaban intervenidos por los militares, la industria nacional devastada, los símbolos peronistas estaban prohibidos y el Partido Justicialista había comenzado a sufrir una proscripción que duraría dieciocho años. Aramburu, en nombre de la libertad, destrozó lo mejor del peronismo y empeoró lo peor, y así lo demuestra el descontento generalizado de la clase obrera y lo confirman los fusilamientos clandestinos en los que Walsh se sumergió por largo tiempo. La ‘novela por entregas’, aun en proceso, ya se estaba convirtiendo en una aguda denuncia social.

Los militares habían demostrado que no eran mejores que Perón y Rodolfo Walsh comenzó a entenderlo durante la entrevista que le realizó al Doctor Jorge Doglia. Éste había sido testigo de los ‘métodos’ policiales utilizados por la ‘Revolución Libertadora’, ‘métodos’ pavorosos cuyos blancos excedían los límites del peronismo. Según su testimonio los presos sin familia eran literalmente asesinados a golpe de azote, de alambre o de cachiporras por la policía bonaerense sin causas que superasen el robo menor. En otros casos, las detenciones no tenían más motivos que la indigencia de los detenidos que sufrían igual suerte que los carteristas (p. 153). Walsh dice, también en la “Introducción” de la primera edición (marzo de 1957):

Reitero que esta obra no persigue un objetivo político ni mucho menos pretende avivar odios completamente estériles. Persigue –una entre muchas– un objetivo social: el aniquilamiento a corto o largo plazo de los asesinos impunes, de los torturadores, de los ‘técnicos’ de la picana que permanecen a pesar de los cambios de gobierno, del hampa armada y uniformada. (p. 149-150).

Lo que Operación masacre no deja en claro es si realmente los protagonistas se habían reunido el 9 de Junio de ’56 en el departamento de Juan Carlos Torres con el fin de escuchar por la radio la pelea de boxeo de Lausse o si eso era sólo una pantalla y se habían reunido para escuchar, por Radio Nacional, noticias sobre el levantamiento militar peronista a cargo del General Valle y, en el caso de que tuviera éxito, marchar a Plaza de Mayo para pedir por la vuelta de Perón. Lo que el texto, sin dudas, deja claro es que los fusilamientos en el basural fueron un crimen contra la sociedad argentina:

Walsh, como Arlt, no sublimiza a la gente de pueblo. Para Walsh es como es y en tres líneas la retrata al hablarnos de un vecino, don Pedro: ‘Sus ideas son enteramente comunes, las ideas de la gente del pueblo; por lo general acertadas con respecto a las cosas concretas y tangibles, nebulosas o arbitrarias en otros terrenos’. Walsh no se hace ilusiones, los toma como son, pero no por eso hay que fusilarlos ni picanearlos. (Bayer).

En el “Epílogo” de la segunda edición (1964) Walsh deja claro que a esa altura el problema no puede ser entendido como un emergente social, sino como el resultado de un premeditado sistema político de represión violenta. Después de todo, el juicio iniciado de Livraga contra el Estado era, ante todo, un juicio justo:

(...) y ésta es otra de las fases de la monstruosidad jurídica convalidada por el fallo de la Corte y por el ‘juicio’ militar, que son piedras de un mismo camino porque en 1957 no hacía falta ser un genio para saber que el teniente coronel González no iba a encontrar culpable al teniente coronel Fernández Suárez.

Ésa, pues, es la mancha imborrable, que salpica por igual a un gobierno, a una justicia y a un ejército:

Que los detenidos de Florida fueron penados, y con la muerte, y sin juicio, y arrancándolos a los jueces designados por la ley antes del hecho de la causa, y en virtud de una ley posterior al hecho de la causa, y hasta sin hecho y sin causa.

No habrá ya malabarismos capaces de borrar la terrible evidencia de que el gobierno de la revolución libertadora aplicó retroactivamente, a hombres detenidos el 9 de junio, una ley marcial promulgada el 10 de junio. Y eso no es fusilamiento. Es un asesinato. (p. 131).

Nuestro investigador reincidió en su tentativa de hacer juzgar el crimen durante el gobierno constitucional de Arturo Frondizi, pero tampoco fue oído:

Aramburu ascendió a Fernández Suárez; no rehabilitó a sus víctimas. Frondizi tuvo en sus manos un ejemplar dedicado de este libro: ascendió a Aramburu. Creo que después ya no me interesó. En 1957 dije con grandilocuencia: ‘Este caso está en pie, y seguirá en pie todo el tiempo que sea necesario, meses o años’. De esa frase culpable pido retractarme. Este caso ya no está en pie, es apenas un fragmento de historia, este caso está muerto. (p. 172).

Walsh sufrió la desconsideración de sus colegas, la prensa también le había dado la espalda. Los diarios habían escrito, tras el juicio, al dictado de Fernández Suarez (p. 154). La resolución del caso, entendía Walsh, es imposible a través de las vías legales y la denuncia social comenzó entonces a convertirse entonces en una lucha política.

Concentrémonos ahora en el aspecto textual. Domínguez en su valioso ensayo El caso Rodolfo Walsh: un clandestino señala que:

En realidad la presencia de Fernández Suárez se diluye aquella noche, se llega a sospechar que ‘usa’ el fusilamiento de los detenidos como para ‘blanquear’ su situación, que habría sido ambigua durante los primeros intentos revolucionarios. Próximo a Campo de Mayo, habría decidido arrestar a unos civiles y ‘guardarlos’ hasta ver lo que ocurría con el movimiento rebelde.

Esta sospecha, que presenta a los protagonistas como ‘pobres diablos’ ingenuos ante la sublevación de Valle, queda desmentida por otro dato que nos aporta el autor en el siguiente apartado:

[El juez Belisario Hueyo] Aunque no lo hace explícito, en el ’58 conocerá a otro personajes, el general Cuaranta, quien habría dado la orden de los fusilamientos al jefe de la policía Bonaerense.

Según esto, Fernández Suarez obedecería órdenes ‘de arriba’ por lo que quedaría exento de la responsabilidad de la sentencia, aunque, claro, bien podría haber ‘guardado’ a los futuros fusilados y, llegado el caso, haberle solicitado la orden al General Cuaranta. Aunque no podemos descartar por completo esta hipótesis, resulta demasiado inverosímil que dentro del verticalismo militar un subordinado ‘le de la orden’ a un superior de que éste le dé a su vez la orden de fusilar a unos ‘pobres diablos’, sin ninguna causa a un Comisario Inspector:

2.45. Rodríguez Moreno tiene un mal pálpito. ¿Porqué a él, justamente a él, tenían que caerle estos pobres diablos? Y sin embargo, hay como una misteriosa justificación, una fidelidad del destino en la misión que le va a tocar. (p. 60).

La sospecha de la ambigüedad política de Fernández Suarez parece, bajo la luz de estos datos, bastante difícil de fundamentar. En cualquier caso, ¿creía realmente el Estado de facto que los detenidos tenían alguna vinculación con la sublevación de Valle? ¿Los secuestraron y fusilaron para infundir el terror en el pueblo peronista? ¿Tenían los detenidos alguna vinculación con la sublevación de Valle? Walsh se cansó de decir en las dos primeras ediciones que a lo sumo alguno de los detenidos tenían una vaga idea. Las pruebas testimoniales de Operación masacre, sin embargo, no parecen sostener precisamente eso. Recordemos que de las 14 personas registradas que pasaron por el departamento de Florida que 8 eran peronistas revolucionarios seguros (Carranza, Garibotti, Rodríguez, Torres, Gavino, Lizaso, Troxler y ‘Marcelo’) y 1 (Di Chiano) era simpatizante; el resto eran apolíticos aunque amigos de peronistas: a Livraga lo llevó el ‘Gordo’ Rodríguez y a Giunta, lo invitó Di Chiano, a los otro dos (Brión y Benavidez) no queda claro quien los invitó. Pero, apunta Walsh, en el departamento de Torres siempre eran bienvenidos los amigos y los amigos de los amigos. Walsh, confirma esta hipótesis al presentar a Gavino con este monólogo interior directo:

“Ya no hay nada esta noche”, repite Norberto Gavino para sus adentros. Hace rato que la radio tendría que haber dado la noticia. Por un momento piensa que “Marcelo” tiene razón. Pero después se olvida. Si no hay nada, tampoco hay peligro para nadie. Muchos han venido simplemente de visita, gente a quien él ni conoce, sería ridículo decirles: “Váyanse, estoy por hacer una revolución".

Si podemos considerar a Operación masacre como una no fiction, es decir una narración novelada de hechos verídicos, es por el trabajo de selección que el autor hace de los datos presentados y sobre todo, el modo en que lo hace (qué prioriza, qué relega, cómo llena los vacíos, qué intención tiene el texto).

En un primer momento, Walsh quiere escribir una novela por entregas basada en hechos reales (como Juan Moreira de Gutiérrez, pongamos por caso), luego se decide por realizar una investigación periodística. Al terminar la primera edición (1957), Walsh manifiesta que ha narrado hechos con el fin de agitar las consciencias para que esos hechos no se repitan. El problema en ese momento, dijimos, era la corrupción del Estado que, en casos aislados, privó a algunos de sus ciudadanos de sus garantías individuales, por lo que el texto funciona como una denuncia social.

En 1964, Walsh renuncia a la posibilidad de hacer justicia mediante instituciones estatales intervenidas (‘este caso está muerto’ había escrito con una profunda resignación).

En 1969, la situación política ya era otra; aquí el texto adquiere su interés definitivo: mostrar cómo los gobiernos sostenidos por las plutarquías de terratenientes oligarcas convierten a los movimientos sociales en la carne masacrada del pueblo argentino y cómo violan cualquier tipo de libertad individual que pueda proyectarse hacia una auténtica libertad nacional, una libertad hecha por el pueblo y para el pueblo. No en vano "Retrato de la oligarquía dominante" cierra el epílogo de esta tercera edición.

La edición de 1972 es la definitiva, pues incluye el último apartado de la "Tercera parte" de Operación masacre, "Aramburu y el juicio histórico", el apéndice “Operación” en cine. Así entendemos que el foco de la denuncia se desplaza de Livraga, el ‘pobre diablo’ fusilado gratuitamente, a los muertos presentados en el film de Jorge Cedrón Operación masacre como los peronistas revolucionarios caídos en su lucha por una patria socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana. Esta será la lucha que determinará los surgimientos de las organizaciones del peronismo revolucionario como las FAP (en donde Walsh iniciaría su militancia peronista), las FAR, Descamisados, Montoneros (que terminaría absorbiendo a las demás organizaciones). El ‘caso muerto’ tuvo finalmente una resolución: el juicio histórico a Aramburu. El pueblo argentino fue fiscal de este juicio y los montoneros fueron quienes aplicaron la sentencia.

La película Operación masacre fue filmada en la clandestinidad entre 1971 y 1972, y fue proyectada también clandestinamente ante, aproximadamente, un millón de personas en muchas villas de emergencia y barrios humildes. Con la vuelta del peronismo al poder con presidente Héctor Cámpora, el film abandonaría la clandestinidad y sería presentado en los cines de toda la Argentina. La película debe ser leída, por muchos motivos, como otra edición del libro paralela a la edición de 1972 ya que a un guión escrito por el mismo Walsh y por Jorge Cedrón se le sumaban los relatos y la actuación de Jorge Troxler, uno de los sobrevivientes a la masacre de José León Suarez. El film, que complementa el libro en su punto más pobre, el político, no nos permite la más mínima duda respecto del compromiso de casi todos los ‘fusilados’ con la causa de Valle y la revolución peronista.

Ahora sí, volvamos a los Actos de Habla. Como dijimos, hablar es hacer explícita una intención. Esa explicitud modifica, de hecho, la realidad. Recordemos que una frase ‘desafortunada’ de Marie Antoinette (“si el pueblo no tiene pan, que coma pasteles”) desató la revolución que daría pie al comienzo de la modernidad en 1789. Cuando Walsh realizó el acto de habla a que llamó Operación masacre aportó una pieza fundamenta para que empiece a fermentar la revolución peronista iniciada por los movimientos revolucionarios y concluida parcialmente con el asenso de Cámpora al poder. Pero como todo emisor es receptor de su propio discurso, Operación masacre también transformó a su autor, haciéndolo, primero, partícipe del gobierno revolucionario de Cuba, donde como criptógrafo, descifró, con una anticipación de seis meses, mensajes en los que se planeaba una invasión de ‘gusanos’ a Bahía de los cochinos, hecho que, quizás, haya salvado a la isla de una invasión contrarrevolucionaria preparada por la CIA. Y después de la fusión de las OAP (organizaciones armadas peronistas) participó en le inteligencia de Montoneros para preparar atentados y llegó también a saber, seis meses antes, que el 14 de marzo de 1976 los comandantes en jefe de las tres armas derrocarían al la presidente Isabel Martínez de Perón.

A modo de conclusión, podemos decir que Operación masacre puede ser el texto literario (es decir un tejido de signos que buscan producir un valor estético) que ‘le ganó de mano’ a A sangre fría de Truman Capote en la creación del género no fiction o que mejor recupera el estilo argumentativo del Facundo de Sarmiento, pero creemos que es ante, todo el resultado de una investigación periodística que cambiaría, primero, la vida del autor y, luego, la historia argentina del S. XX.

sábado, 22 de noviembre de 2008

La filosofía peroninja para pequeños saltamontoneros



I

Estando una vez Arbuto
con el magnánimo Josute,
cruzando los pies de ambos
las aguas del Nilo,
le dijo a Josute con severa paciencia:
“Del mismo modo Josute,
dador de vida,
peroncho arcano,
que cada pancho busca su mostaza
y el temprano clavel se viste de rocío
o será el hombre lo que deba ser
o no será peronista”.

II

Así habló Arbuto
y Josute mirolo pensativo.

III

Cuántas arduas tardes pasó Arbuto
esperando de Josute una respuesta.

IV

El tiempo retarda su paso
y aún no llega
el día en que las hojas secas
dibujan remolinos en el parque.

V

La luna ya había marcado
En el oscuro cielo
Cinco círculos de plata cristalina.

VI

Josute y Arbuto se encontraron nuevamente.

VII

Jugando al waterpolo en Villa Evita
abrazalo Josute con la diestra a Arbuto
y con la otra indicando la pileta
le dijo Josute a su dicípulo:

VIII

“El mundo, astuto Arbuto,
como esta piscina en dos se ha dividido:
por un lado están los peronistas,
por otro los recontra peronistas,
y, mirando desde afuera,
los que no saben
que lo son”.

IX

Vueltos ambos
cada cual a su cucha,
como dos karatekas peleando con la almohada
Josute y Arbuto piensan en Evita.

X

Quizás algo en el aire les dice
que están sintiendo lo mismo
o quizás el aire mismo piensa
que después de todo lo pasado
y después de todo lo que nos pisaron
la vida sólo sea
un mal sueño necesario
para que hayan podido existir,
para que aún puedan existir,
personas como Evita.

XI

Un nombre puede ser una bandera.
Evita sonríe.

viernes, 12 de septiembre de 2008

La vaca desatada



Cuando Arbuto conoció a Guille, un dramaturgo, actor y director oriundo de la blanca bahía, mucho se dijo con él respecto del teatro. Y así fue que, entre tinta y tinto, Donato le cedió a Arbuto una de sus obras para que el Shakespeare loberense (es decir, Arbuto) la versifique. Se trató de su prestigioso unipersonal "La vaca desatada", la cual, puesto que Arbuto cumple y Guille dignifica, quedó de diez. La misma se presentará el 20 de Septiembre a las 22:00 hs. en "La panadería" (Mar del Plata, calle Alberti 4842, entre Don Bosco y Francia). Están todos invitados!!!!!

domingo, 27 de julio de 2008

Elegía por la muerte de Guevara


Ha caído un guerrero
al polvo milenario,
otra luz se ha apagado en la espesura;
calla la noche, llora el mar, los ríos
se arremansan, el árbol
se hace tinaja de barro y se despierta,
vuelve a la tierra el pájaro guerrero,
jaguar dorado, hermano
de mi raza, retoño
del viento equinoccial y de la arena.
Ha muerto otro guerrero infatigable,
ha caído un relámpago del cielo;
muerto está, entre los muertos de la tierra,
y nunca volverá,
pero en la empuñadura de su asta libertaria
arderá, entre los muertos, para siempre.

Como antorchas encendidas
en la noctámbula selva boliviana
ardieron tus ojos,
tus ojos que brillaron victoriosos
en la guerra secreta de tu alma.
Las apagó la lluvia
de un plomo arrancado del vientre mineral,
y, ni aun extinguidas las antorchas,
dejaron de brillar mientras morías.

Ahora que te has ido,
ahora que los muertos te protegen
y resumen sus muertes en tu vida,
ahora que los vivos te han matado,
y se les fue la vida con tu muerte,
ahora que en el seno de la tierra
alimentas los árboles del pueblo,
cuéntales de tu lucha a los mayores,
a Tupac Amarú, a Cuauhtémoc
a Lautaro y Atahualpa, enséñales
que la lucha del pueblo sigue viva,
háblales de Rulfo,
de Octavio, de Lezama,
de tu hermano Fidel, de Nicolás,
de Onetti, de Vallejo, de Cortázar,
de Allende
y háblales también de nuestro Pablo,
cuéntales de sus cantos y tormentos,
diles que los reciban
en sus palacios de oro,
cuéntales cómo amaron
la tierra que te cubre.
Cuéntales de tu lucha libertaria,
del Titicaca, dile a Manco Cópac,
háblale de Cuzco y Macchu Picchu,
y del Anciano hombre de los cielos.
Comandante Jaguar, guerrero nuestro,
encendiste nuestra vida con tu muerte
y venciste a la muerte con tu vida,
nos llenaste de fuego y de futuro
con tu estrella elegida,
y alumbraste el camino de lo oscuro
burlando nuestra suerte
nos enseñaste la raíz del árbol nuestro,
y a curar con tu sangre nuestra herida.
¿Cuántas muertes cupieron en tu muerte,
Puma guerrero de las sierras y los montes,
vencedor de las sombras y el olvido?
Dale luz a la luna y a tu estrella,
dale fuego al galope de tu pueblo...

domingo, 22 de junio de 2008

Salmo





















A los americanos que murieron por la cruz, la espada de la conquista y de nuestras peores tiranías

Arcángel protector de los caídos,

arquitecto de la torre de Babel,
tu voz cae deshilada en alaridos...

¡Creo en ti, bello Luzbel!

Desterrado de las rosas y los lirios,
arrancado de tu sueño de doncel,
consumido en sulfúricos delirios...
¡Creo en ti, bello Luzbel!

Hermano de mi pueblo y de mi raza
bendice nuestro pan y nuestro suelo;
no estás solo en tu lucha, hermano mío;
también aquí son muchos los heridos,
son muchos los que mueren desgarrados,
forzados al silencio y a la angustia,
subyugados por hierros y palabras,
arrastrados al sino de la nada.

Inspira nuestra lucha y nuestra alma,
ponle fuego al galope del corcel
de este pueblo arrasado por la calma...
¡Creo en ti, Señor Luzbel!

Enséñanos a amar la libertad,
libéranos del gusto de la hiel
del fruto de la eterna soledad...
¡Creo en ti, Señor Luzbel!

Compartimos tu árida agonía,
morimos cada día sin consuelo,
ahora que señalan nuestras tumbas
con sus cruces tortuosas y sangrientas,
ahora que nos matan nuestro suelo,
ahora que nos niegan las estrellas,
ahora que nos roban nuestra arena,
ahora que gobierna el Dios Supremo.

.

lunes, 26 de mayo de 2008

A la otra América

América del norte, amor lejano,
oh patria del cañón y la meseta,
aún oigo en tu silencio
tus silencios bajo un cielo arrebolado,
y el misterio cosmogónico del viento
que otorgó el sol al polvo en que reposas,
y, en su cristal de cobre,
aún discurro como el fuego de un cometa,
y vuelo por tus cielos,
y cabalgo en tus desiertos abismales,
soñando tu coyote, tierra amada.

En el fondo de mi alma milenaria
oigo búfalos alzando polvaredas
y te veo como un águila sagrada
en los confines,
dibujando los signos infinitos,
sobre tus montañas.

Te sueño gigantesca y cristalina,
surcada por ríos y montañas,
oh tierra que liberaste a mis hermanos,
por qué te lanzaste enardecida,
sobre nuestra tierra mutilada,
por qué hundiste en nuestra carne
tus dientes afilados,
por qué, patria oscura, por qué.

¿Qué te pasó, tierra lejana?
¿Cuándo comenzó tu cielo a ensombrecerse,
a llenarse de crepúsculos oscuros,
a besar con los labios de la muerte?

Por qué llenaste tu cáliz con mi sangre
y ardiste como el trueno de un volcán
y rajaste el talón de nuestros pueblos
y de tus venados,
de nuestros pueblos
que inspirados en tu gloria
gritaron a los cielos ¡Libertad!
y echaste nuestro árbol a la hoguera
con un rostro de sombras lujuriosas
y terribles huracanes,
a nuestros pobres árboles heridos.

Águila esplendorosa,
se oscurecieron tus ojos cristalinos
y tu ceño se apagó como una vela.

Acecharon tus cóndores mi casa,
y de tu vientre puro
bajaron las serpientes a mi tierra
y dejaron en la selva
un rosario de cadáveres sombríos,
de muertos que se han muerto para siempre,
sobre un polvo de rosas marchitadas.

¡Que callen a los muertos! ¡el águila se acerca!

jueves, 22 de mayo de 2008

A la América morena

América del canto y las arenas,
de la espesura madre en cuyos sueños
los leños arrebujan a tus venas
de cristalinos torrentes derramados
a los pies de la fortuna
y el brillo de la luna,
con un grillo cantándole a su vera,
se dibuja en la trémula laguna
que deshila sus hebras una a una,
emulando la nívea cordillera.

¡Oh tierra del arrope de la tuna
América del cóndor y del trueno,
América encantada por el duende
serrano que cantando va tu nombre,
América del hombre
que se muere en la tierra que lo ama,
que lo busca y lo llama,
y renace de tu vientre como lanza,
relámpago en la bruma,
con plumas del quetzal de Moctezuma,
y sangre de jaguar y de venganza!

América del arduo aprendizaje
de la cruz asesina e invasora,
América de mitos que agonizan
detrás del maquillaje de la estampa
de la América abundante y redentora.

¿Cómo he de invocarte,
qué nombre retener podrá tu aurora
en qué cielos de lunas marchitadas,
centellas y crepúsculos arcanos
podrá tu lastimada geogonía
nombrar al dios del Sol
nacido de tu légamo materno,
cómo podré nombrar
tu nombre eterno
sin cubrirte de polvo y agonía?

¿Cómo podré nombrarte
a ti que regalaste
el fruto de tu esencia milenaria,
el tomate, el cacao y el maíz,
el brillo de tu lanza libertaria
el fuego y la obsidiana que sangraste?

¿Cómo podré decirte entera y alta
sin inundar tu pena de silencio
y de huecas palabras desoladas?

Enfermaron tu esencia,
maravillosa América,
te llenaron de un dios que no era tuyo,
descuajaron tu noble indumentaria,
tu jaguar y tu quebracho,
te colmaron de cañones y de sables,
le robaron a tu gente la sonrisa,
te llenaron de muerte
y nombraron con sílabas ajenas
los ríos que nacieron de tus penas;
murieron por tenerte sin tenerte,
sin entender la esencia de tu ceibo,
ni el claro mineral de tu espesura.

América inmortal y taciturna,
tan verde de esmeralda,
tan áurea amarillenta,
tan roja y desangrada,
tu vientre es una urna
que carga en sus espaldas todo el viento
del futuro del siux y del tolteca,
del maya y el olmeca,
el guaraní, el kolla, el aymará,
el quechua, el taíno y el azteca.

Un día llegará el renacimiento;
de tu vientre de cántaro araucano
retoñará el guerrero con su raza,
arrasará los campos y los ríos
y quemará los libros que te callan;
resurgirán los pueblos y los cantos,
el sílice ancestral de tu espesura;
regresará la paz a tu silencio
el marchitado espíritu del búfalo
y el metálico sonido de las aguas...
y volverá a brillar
la lumbre de tu oro más preciado,
el dios del firmamento de la pampa;
resurgirán los muertos de la tierra,
herida por la espada y la conquista,
y se abrirá tu vista,
y volverán tus hijos a su guerra
destituyendo el mito
de la tiniebla ibérica,
llamándote sin nombre, sin América.

sábado, 17 de mayo de 2008

El ima sapra













A la muerte de José María Arguedas


Ya inundaba la luna con sus rayos
las gotas de rocío vegetales
y el canto del cristal contra las rocas.

Tiritaban los astros temblorosos.

La noche fue cayendo en la arbolada.

Y alzado en la verdura,
llevado por el viento de su cause
sus ramas llora el ima sapra en el arroyo,
como un eléctrico escoyo
del quejumbroso aire
que de la noche hizo primaveras.

Tal vez el ceño oscuro de sus párpados
o derrama esplendor en la laguna,
o su melancolía,
o su coro noctámbulo de grillos,
o una mosca alzando el vuelo azul.

El idioma del viento
ha olvidado el follaje de los bosques,
el claro corazón de la mañana
y el mundo cristalino de sus cerros.

Ahora que no estás, José María,
en vos que supo arder
la lámpara en la tierra,
el ayer
en que te ha borrado la descarga
y el hoy
en que no sos,
hermano Arguedas.

viernes, 16 de mayo de 2008

El indio
















En la noche platinada
bajo la luz de la luna
se dibuja en la laguna
la sombra de la arbolada.
Y al medio día, fraguada,
al suelo sirve de abrigo
la mansa alfombra de trigo,
el brillazón de la pampa,
como si fuera una estampa
que tiene al sol por testigo.

Se oye el galope a lo lejos
del jinete solitario
cruzando el vasto escenario,
desierto de oro y espejos.
Con los dos ojos bermejos
de tanto llanto sufrido,
el poncho descolorido,
la barba revuelta y zaina,
y en la polaina la vaina,
cabalga muy mal herido.

Sufrió lluvias y sequías
para escapar de la leva,
cruzó el camino que lleva
a las viejas tolderías.
Con el correr de los días
dio con un viejo araucano
quien le habló como a un hermano
diciéndole de este modo:
“Nos despojaron de todo
y ahora nos sacan del llano.

Mira, hermano, el horizonte,
mira la tierra que pisas,
ya no hay calor en las brisas
ni zorzales en el monte.
Ven, hermano, el poncho ponte
que de veras duele el frío
y cuando viene el rocío
en verdad se siente el hambre;
acá no sirve el alambre
para enmendar el hastío.

Ayer nomás yo tenía
a mi mujer y mi hijo,
ayer nomás ella dijo
que el gualincho volvería.
Dijo también que vendría
con unas flechas de fuego
y que vería como un juego
la matanza del malón,
y aquella fue la razón
por la cual murieron luego.

Dijéronme mis hermanos
que era bruja maliciosa
y hallándola temblorosa
le revisaron las manos.
Dijéronme que en los llanos
sólo el malón alza tierra
y no vieron que la guerra
no se podía ganar
y así fueron a pelear
descendiendo de la sierra.

Sólo yo pude escapar
de aquella cruenta matanza
y pude ver en la lanza
que quiso un soldado alzar
el vacío en el mirar
de los ojos de mi hijo,
que ahora era un amasijo
de sangre y carne difunta,
y así la muerte se yunta
a las piedras por lo fijo”.

Preguntole por su nombre
el jinete al araucano,
quien respondió: “Soy tu hermano,
sólo un hermano sin nombre.
Antes supe ser un hombre
que, como tú, galopaba
por esta tierra que amaba
por sobre todas las cosas
y contemplaba que hermosas
eran las flores que daba.

Ni el nombre me queda ahora,
pobre hermano, hermano mío,
y moriremos de frío
antes que llegue la aurora.
Ni el nombre me queda ahora;
sólo el tiempo transcurrido
recordará quién he sido
y cómo ha sido mi vida.
Es amarga la partida
de los hijos del olvido”.

martes, 13 de mayo de 2008

El destierro del poeta














Tú vienes de abrasados corredores,

de túneles mordidos por el odio,
por el salto sulfúrico del viento:
aquí tienes la paz que te destino,
agua y espacio de mi oceanía.

Pablo Neruda

Ya pasó más un siglo desde aquel mítico cruce de los Andes, en cuya arcana tierra las caballerías patriotas han dejado sus huellas indelebles. Aquí mismo fue, en la columna de un continente que ahora sorbe la agobiada sangre de su pueblo. Desde acá arriba, en lo alto, convertido en una estatua de sal por un dios que no me pertenece, me despido de mi tierra sobre mi desgastado caballo verde, el caballo en el que luché desde mi infancia. Miro el paisaje desde la altura y sólo veo unos campos desolados. Cómo hacer para que los versos que me broten de los ojos como perlas añorantes. Cómo hacerlo ahora sin mi patria ¿No apoyé acaso la campaña de Gabriel? ¿No habíamos paseado juntos por los mismos campos de amapolas? Ahora –parece mentira– nada de eso importa ya. Ahora el mundo está partido en dos, como mi corazón desangrado.

Acá está, delante de mí. Acá está mi historia, la historia de mi pueblo. Ahora voy a decirles a todos la verdad. Voy a escupirle a los traidores todo el hambre de mi pueblo, todo el fuego en que arde su inocencia, todo el vómito de cruces y de sables, insignias del monstruo de Castilla. No me refiero a Ustedes y lo saben. Rafael, Federico, Miguel, Gabriel, Antonio, Ustedes saben que la España que crearon estuvo y estará siempre en mi corazón. Yo hablo de la otra, de la España sangrienta y homicida, de la España de Colón y de Cortés y de Pizzaro y de Valdivia, de la España imperial que tiene ahora el rostro de Franco, de Gabriel González Videla, aliado de nuestros enemigos, del águila imperial que en el norte abre sus alas para comernos como a gusanos. Ustedes saben que hablo de los conquistadores antiguos y los nuevos y de los que son aún peores, las serpientes impuras nacidas en el seno mismo de la América latina. Contra ellos voy a erguir mi monumento, voy a alzarlo con cadáveres, con sangre, con gritos libertarios y ternura. Y nadie va a escapar de mi designio; no porque sea mío, sino porque es de todos. Voy a hacer nacer el fuego en cada verso, voy a despertar a los muertos que se han muerto injustamente, voy a regar con lágrimas el árbol, el árbol de los pueblos malheridos, el árbol de Lautaro y Cuauhtémoc, el árbol de Tupac y de Bolivar y no existirá un hacha capaz de talarlo, ni águila que pueda hacer que tiemble. Doy fe, estos pobres manuscritos no son nada, pero de aquí en más lo serán. Los Conquistadores de los que hace poco más de un siglo nos habíamos liberado, ahora han vuelto a levantar sus espadas y sus cruces contra el dolorido pueblo de Chile. Los traidores han vuelto. Pero vamos a sacarlos, vamos a volver a liberar la tierra, vamos a devolver al sagrado descanso el espíritu del árbol de la Ámerica.

Basta ya de llorar, hay que seguir el rumbo, por duro que sea. Ahora se han fortalecido mi caballo y mi hondo corazón. Ahora sé que aunque me vaya, voy a estar más que nunca en esta tierra, voy a hacerla latir en mis palabras, voy a hacer el Canto General de Nuestra América, y ya nadie podrá decir que ha visto todo, que no es cierto el lamento de mi pueblo.

Ahora no hay nada detrás de mí. Mi patria se ha achicando a mis espaldas hasta perderse en la neblina. El exilio será largo y nostalgioso, lo sé. Y luego morirá mi amigo Salvador, acaso mi hermano, y volverá a gotear la sangre por las alcantarillas putrefactas de Santiago. Mi amigo Salvador, descendiente de Lautaro, sellará con fuego nuestro sueño para que ya nadie pueda profanarlo. Y cuando vuelva al trono la serpiente, también yo habré muerto, habré muerto para siempre y nunca más. Pero eso no me importa ahora. Porque ahora estoy dispuesto a dejar mi huella en todas partes, la huella de mi verso como flecha, el canto de mi pueblo americano…

Pero hoy tu voz nos hace falta,
tu voz,
que es la voz misma de la tierra.

Tu voz, hermano, tu voz.

Que tu voz no se nos muera,
porque sin tu voz, hermano mío,
Nuestra América es amarga,
ahora que en tus cielos cristalinos
sobrevuela el águila sangrienta,
ahora que nos quedamos
ya sin sueños, ni comida, hermano.
Y nos robaron tu voz.

Las aguas se han calmado ahora,
pero el hambre todavía nos maltrata,
y todavía seguimos soñando.

Parece mentira que todavía sigamos soñando,
ahora que la aurora está marchita.

Ahora que los pueblos se aburren de la lucha
y entierran los espejos,
y la soledad se vuelve oscura,
no nos quites la guía de tu voz.

Ahora que las vacas se nos mueren,
ahora que la gente se cree libre
por chingar el ron con coca cola,
ahora que las tierras del Perú están devastadas,
ahora que humedecemos tu canto cada noche,
ahora que te necesitamos más que nunca,
no nos quites tu voz, hermano,
hermano Pablo,
hermano nuestro...
.

sábado, 10 de mayo de 2008

Sobre la identidad latinoamericana





















Es hora ya de re-pensar en Nuestra América. Las fronteras nacionales han servido para separar a las naciones europeas, porque son innecesarias. En la mayoría de los casos no hay mejor frontera que el idioma porque ‘la lengua es compañera del imperio’ (decía Nebrija) y resistencia de su cultura (agrego yo). A lo sumo, los Países Vascos, por dar un ejemplo, constituyen auténticas y delimitadas naciones (aunque carezcan de fronteras nacionales propias), porque guardan en su impermeable lengua el profundo sentido de su identidad. Mientras conserven su idioma, el alcanzar su legítima independencia será sólo cuestión de tiempo.

En Nuestra América la lengua no separa nada. Aquí las fronteras culturales son difusas y muchos límites hallan su razón de ser en los caminos que trazaron los colonialistas por meras cuestiones geográfico-económico-gubernamenetales, en desmedro de los límites culturales precolombinos. Estas cuestiones han perjudicado enormemente el reconocimiento de la identidad nacional, imprescindibles para poder consolidar nuestras naciones.

Así, por dar un ejemplo cercano, el argentino es un ‘tano’ llorando en un tango a su ‘mama’ que descansa allá, tras el inconmensurable océano, tras el naciente; también es un paisano arriando vacas en la pampa; también es un kolla que pierde horas en la aduana para ir a Bolivia y luego volver a entrar; también es un mapuche expropiado; un guaraní que más bien parece un\n paraguayo nacido en el noreste argentino, etc. Creo, en este punto, que sólo la literatura puede dar cuenta de la compleja identidad americana, dejando de lado cualquier provincianismo (siempre restrictivo y difuso).

Todas los pueblos de nuestra mayúscula América comparten una historia común y un mismo futuro. Es por eso que creo que, como decía el Comandante Guevara, hay que dejar de lado cualquier provincianismo y asumir de una vez por todas que no somos ni argentinos, ni peruanos ni mexicanos ni cubanos, sino que todos somos y siempre seremos profundamente latinoamericanos.

Augusto Mónaco